Viernes Santo en Badajoz: El silencio y la devoción abrazan la ciudad

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El Viernes Santo en Badajoz es sinónimo de respeto absoluto y recogimiento. Tras la intensidad del Jueves Santo, la ciudad ha mudado su alegría por un luto respetuoso para acompañar el misterio de la Muerte del Señor. Una jornada que este año ha sumado hitos históricos y que ha vuelto a demostrar la madurez y el peso de nuestra Semana Mayor.

Un hito para la historia: El Cerro de Reyes en la Plaza Alta

La mañana comenzó con una estampa inédita que ya forma parte de la historia de nuestra ciudad. El Vía Crucis Viviente del Cerro de Reyes se trasladó por primera vez a la Plaza Alta.

Los vecinos del barrio, con una interpretación cargada de realismo y fe, convirtieron el corazón monumental de Badajoz en la Jerusalén de la Pasión. El contraste de las túnicas y la representación del calvario bajo los soportales de la plaza dejó imágenes de una fuerza visual y emocional que los medios locales han destacado como el gran acierto de este año.

La Solemne Procesión Oficial: El Santo Entierro

Al caer la tarde, la sobriedad se hizo dueña de la Iglesia de San Agustín. La Pontificia y Real Hermandad de San Agustín puso en la calle el cortejo oficial de la ciudad.

El paso del Santo Entierro, con el cuerpo de Cristo custodiado en su imponente urna de plata y cristal, avanzó con una parsimonia que invitaba a la reflexión. Le acompañaron el Santísimo Cristo de la Caridad en su Sentencia y la dolorosa belleza de María Santísima de la Aurora, conformando un conjunto de una elegancia y un rigor que son la seña de identidad de esta cofradía.

El Rosario: El sobrecogedor luto de la Patrona

Al llegar la medianoche, Badajoz vivió su momento más íntimo: la procesión de El Rosario. Desde la Ermita de la Soledad, nuestra Patrona salió al encuentro de sus hijos despojada de sus ricas joyas y de su corona de reina, vestida de riguroso luto.

En esta ocasión, el silencio no fue solo una ausencia de sonido, sino una forma de oración. Sin el acompañamiento de bandas de música, el único sonido que recorrió el Casco Antiguo fue el murmullo rítmico del rezo del Santo Rosario y el racheo de los costaleros. Miles de fieles, portando velas, escoltaron a la Virgen de la Soledad en su amargura, creando una atmósfera de misticismo que solo se puede sentir en la noche del Viernes Santo pacense.


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